El Sótano y el Cuarto de Mantenimiento
Por: Alma Carbajal
El sótano del Residencial Aurora es
la zona más antigua del edificio, para llegar a él se desciende por unas
escaleras estrechas detrás de una puerta metálica que casi siempre permanece
cerrada. El aire es frío y húmedo, y el ambiente conserva un olor persistente a
concreto y cables recalentados. Las paredes muestran fisuras y manchas oscuras
que revelan el deterioro del tiempo, mientras que el eco amplifica cualquier
movimiento, como si el espacio respondiera a cada paso.
Al fondo se encuentra el cuarto de
mantenimiento, donde Damián Solís guarda herramientas, materiales eléctricos y
documentos viejos. La iluminación proviene de un único foco suspendido del
techo, cuya luz cae sobre una mesa desgastada. Alrededor, las sombras de las
tuberías se proyectan en las paredes y crean figuras irregulares que pueden
confundirse con siluetas humanas. Detrás de una tubería, Damián oculta la
carpeta con los planos antiguos del edificio, un documento que muestra pasillos
sellados y estructuras que no coinciden con los planos modernos.
La parte más llamativa del cuarto es
un tramo de pared donde el concreto se ha desprendido y deja ver una capa de
ladrillo que parece pertenecer a una construcción anterior. En ese punto, la
vibración del transformador cambia ligeramente de tono, como si reaccionara a
la presencia del documento antiguo. El sótano entero da la impresión de
conservar una memoria fija, ajena al movimiento cotidiano del edificio. El
silencio, la oscuridad y las variaciones acústicas lo convierten en un lugar
donde pasado y presente parecen superponerse.
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