El rollo que nunca termina de revelarse

 

Por: Alma Carbajal


En su laboratorio del 4C, Eva Calderón revisaba otra vez el mismo rollo. Cada intento por revelar la fotografía del pasillo fallaba en el mismo punto: la imagen se retorcía, aparecían manchas irregulares y líneas que no coincidían entre sí. El deseo de obtener una imagen clara de la figura desconocida la impulsó a repetir el proceso, aunque la electricidad parpadeaba cada vez que llegaba al fotograma principal.




Regresó al pasillo del cuarto piso para tomar nuevas fotografías. Las paredes internas expuestas vibraban con un sonido leve, casi imperceptible. Al disparar la cámara, sintió un ligero temblor bajo el suelo. No había nadie allí, aunque la sensación de ser observada era persistente. Volvió al laboratorio con la esperanza de que esta vez el revelado saliera correctamente.

La primera imagen surge con nitidez: una figura alta situada en un punto vacío del pasillo del tercer piso, como si hubiera estado ahí antes de que ella tomara la fotografía. Las líneas del cuerpo estaban desacomodadas, como si el lente hubiera captado dos versiones de la misma figura superpuestas. Antes de que pudiera continuar el revelado, sonaron golpes en su puerta.

Damián Solís apareció en el umbral y le advirtió que dejara de fotografiar los pasillos del edificio. No explicó por qué. Eva esperó a que se marchara para tomar la imagen final en sus manos. La figura distorsionada se parecía demasiado al propio Damián cuando cruzaba frente a una cámara. El laboratorio volvió a parpadear. Eva comprendió que algo en el edificio evitaba ser revelado con claridad. 



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