El tercer piso no duerme
Lara
Mendoza pasó otra noche en vela en su departamento del 3B. Los ruidos nocturnos
volvían a surgir en el mismo punto del pasillo, justo cuando el insomnio hacía
que su percepción se distorsionara. Cada golpe leve contra la pared sonaba como
si el edificio respirara. Desde su ventana, el eco parecía recorrer el tercer
piso con un ritmo irregular que la obligaba a levantarse y abrir la puerta con
cautela.
El
pasillo estaba débilmente iluminado. El sonido volvió a escucharse, aunque
ahora más lejano, como si alguien diera pasos suaves que evitaban ser
encontrados. Lara avanzó unos metros y creyó ver una silueta inmóvil al fondo,
una figura que desapareció en cuanto intentó enfocar la mirada. Dudó si había
sido un error de su vista cansada o si el edificio contenía más sombras de las
que aparentaba.
Volvió
al interior para plasmar el recorrido en su cuaderno. A la mañana siguiente,
Eva Calderón llamó a su puerta con una fotografía tomada la noche anterior. La
imagen mostraba una figura similar a la que Lara había visto, distorsionada y
casi transparente, esta coincidencia le provocó un escalofrío. Ambas sabían que los ruidos
nocturnos no eran simples fallas del edificio ni alucinaciones del insomnio.
Lara
volvió al pasillo, sostuvo la fotografía frente a su propia ventana y notó algo
inquietante: el reflejo estructural no coincidía con la forma real del
edificio. El tercer piso parecía tener una geometría que solo se revelaba en la
oscuridad.
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